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EL PESO DEL DUELO

Fui a constelar porque había tenido varias relaciones personales seguidas y todas habían acabado con maltrato. No entendía qué pasaba y quería descubrir cuál era mi relación con los hombres y el patrón que seguía para acabar siempre en relaciones dañinas.

 

La facilitadora sacó varias personas, una para mí y otra para el maltrato.

 

Al principio, me veía a mí detrás del maltrato, persiguiéndolo y agobiándolo, queriendo estar cerca, pero a la vez sintiendo miedo e ira. Más adelante, cuando entró la figura del hombre, necesité acercarme, pero sentía que el hombre se alejaba de mí también, haciéndome sentir muy enfadada y triste a la vez.

 

De repente apareció mi padre, y ahí cambió todo. Quería estar cerca de él todo el rato, ya no me importaba el resto de los hombres ni el maltrato, solo él. Después de varias secuencias donde veía que mi padre me abrazaba y yo sentía tristeza, amor e ira a la vez, rompo a llorar.

 

Es ahí donde me doy cuenta de que no he superado su muerte y de que la mochila de su duelo no superado es la que crea el apego hacia los hombres, construyendo relaciones dependientes, y tóxicas por el hecho de no poder dejarlo ir, ya que al final no era capaz de ver lo dañino, solo veía la figura del hombre en mi vida, y con eso me bastaba.

Al visualizar esto, y después de rato llorando, pude ser capaz de despedirme, de pasarle el peso a mi yo adulta para poder cerrar el duelo y seguir con mi vida. Le dije a mi padre que le quería, que le echaba mucho de menos y que me dolía mucho su ausencia, pero que no podía seguir cargando con este peso. Es increíble como a veces necesitamos ver con nuestros propios ojos, aquello que nuestro inconsciente esconde para no hacernos daño.