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La sabiduría del cuerpo: señales que el cuerpo te ofrece sobre tu bienestar emocional

El cuerpo no miente. Mientras la mente puede argumentar, justificar o incluso negar lo que sentimos, el cuerpo guarda y expresa con honestidad cada emoción. Dolor de estómago antes de una reunión importante, tensión en los hombros tras una discusión, respiración corta en momentos de miedo… Son señales que, si aprendemos a escuchar, se convierten en un mapa para cuidar nuestra salud emocional.

El lenguaje secreto del cuerpo

Cada emoción tiene su huella física. La rabia puede sentirse como calor que sube al rostro, la tristeza como peso en el pecho, la alegría como ligereza en el abdomen.
El problema es que muchas veces vivimos tan desconectados que interpretamos estas señales como “molestias” y no como información valiosa.

Por qué el cuerpo sabe antes que la mente

El cuerpo procesa lo que vivimos incluso antes de que podamos ponerlo en palabras. Las microtensiones, la postura, la velocidad de nuestros gestos… todo responde a un sistema nervioso que detecta seguridad o amenaza.
Escucharlo es una forma de recuperar una conexión básica con nosotros mismos.

Ejercicio de escaneo corporal

Puedes probarlo ahora mismo:

  1. Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
  2. Lleva tu atención desde la coronilla hasta los pies, parte por parte.
  3. Nota cualquier zona de tensión, incomodidad o calor.
  4. Pregúntate: “¿Qué podría estar queriendo decirme esta sensación?”.

No se trata de encontrar respuestas inmediatas, sino de abrir el canal de comunicación.

Responder al cuerpo con cuidado

Una vez que percibes una señal, el siguiente paso es actuar de forma amorosa.

  • Si notas tensión, date unos minutos para estirarte o respirar profundo.
  • Si tu respiración es agitada, pausa lo que haces y recupérala lentamente.
  • Si sientes pesadez, quizá necesites descansar o liberarte de una situación emocionalmente cargante.


El cuerpo es como un amigo fiel: siempre presente, siempre dispuesto a avisarte cuando algo no va bien, aunque a veces lo ignores. Aprender a escucharlo no es un lujo, es una necesidad para vivir con autenticidad. Porque cuando tu cuerpo habla, no está quejándose… está cuidándote.